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Aceptación y perdón: cortando ataduras




Mantita y sofá. Tarde de relajo mirando una película sin ninguna pretensión. Solo pasar un ratito de complicidad con mi madre y mi hija. La verdad que la estampa era hermosa… para mí, seguro. 


La peli en cuestión era Bounce, protagonizada por Ben Affleck y Gwyneth Paltrow. Para no hacerte spoiler, te cuento que va de un hombre soltero y una madre viuda. Él es un ejecutivo top en el sector de la publicidad; ella, una modesta agente inmobiliaria. Y como ya te imaginas, ¡por supuesto que se enamoran!


Pero le encontré fondo a este film… el título ya tiene su intríngulis. De saque, «bounce» normalmente se traduce como rebote o bote, pero también tiene una acepción menos frecuente: rechazar. Y esta le encaja mucho más a la historia que subyace en la película. 


Habla de un rechazo que se va hilando con dos conceptos esenciales: la aceptación y el perdón o, mejor dicho, la no aceptación y el no perdón. Aceptación de lo que hay, de lo que la vida nos depara en cada preciso momento. Y el perdón en sus múltiples aristas: perdonarse a unx mismx, perdonar a la otra persona, dejarse perdonar. 


Tanto si me lo llevo al terreno personal como al profesional, son dos conceptos que aplican perfectamente. Nos hacen mejor persona, mejores profesionales.


Me gusta la versión que habla de la aceptación como algo que no tiene nada que ver con la resignación, sino todo lo contrario. Sería como aceptar la realidad que estamos viviendo (o interpretando) sin intentar combatir aquello que no podemos controlar o sobre lo que no podemos ejercer influencia alguna. Solo desde esa claridad podemos seguir avanzando. La película lo aborda a través de la muerte de un ser querido. 


El otro concepto es el perdón. Término complejo donde los haya, el perdón muestra tres aristas esenciales:


Una tiene que ver con perdonarnos a nosotrxs mismxs por alguna circunstancia que tuvo lugar en el pasado, en la que estuvimos involucradxs con más o menos intensidad y de la cual sentimos un franco arrepentimiento. 


Otra arista tiene que ver con la capacidad de perdonar a la otra persona. Y no tanto por y para ella, sino para mí mismx, para liberarme yo de las ataduras del resentimiento. 


Y la tercera, quizás la más alambicada de todas, permitir que la otra persona me perdone, soltando la deuda que inconscientemente siento haber contraído. 


Lo he dicho muy rapidito, lo sé. Aunque con plena conciencia de la enjundia que entrañan estos dos términos. 


Aceptación y perdón. Para reflexionar, y mucho, en lo personal y en lo profesional.


¡Pues ha dado de sí ese momentazo de mantita y sofá!


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