Cuando las máquinas hagan más cosas,¿con quién querrás trabajar?
- 20 may
- 2 min de lectura
Durante décadas, hemos estado construyendo nuestras trayectorias profesionales sobre una lógica bastante clara: adquirir conocimiento, acumular experiencia y perfeccionar nuestra capacidad de hacer.
Hoy esa ecuación empieza a diluirse. La tecnología ya no solo automatiza tareas repetitivas. También empieza a asumir funciones que durante mucho tiempo consideramos exclusivamente humanas: analizar, sintetizar información, generar contenidos o proponer soluciones.
“Porque quizá aquello que más valor aporte en el futuro no sea solo lo que hagamos, sino lo que otras personas hagan posible en nosotrxs”.
Dos preguntas clave
Una de las preguntas recurrentes gira entorno a qué tareas desaparecerán. Pero hay otra pregunta que a mí se me antoja del todo necesaria: ¿con quién querré trabajar en ese nuevo contexto?
Y si estamos liderando, surge una segunda cuestión interesante: ¿qué hará que alguien quiera trabajar conmigo?
Porque si una parte creciente de las capacidades técnicas se vuelve más accesible, más rápida y más abundante, es posible que el verdadero valor profesional deje de residir en el conocimiento o la ejecución. Más bien, parece que empezará a desplazarse hacia un lugar diferente.
Durante años hemos seleccionado, promovido y reconocido a las personas principalmente por lo que sabían hacer. Y seguro que seguirá siendo importante.
Pero quizá ya no será suficiente.
¿Querrás trabajar con personas brillantes pero incapaces de conectar? ¿Con quienes generan respuestas rápidas pero con poco criterio? ¿Con quienes dominan herramientas pero no generan confianza?
O, por el contrario, ¿buscarás a quienes ayudan a pensar mejor, construyen conversaciones de calidad, generan confianza y entienden que detrás de cada decisión hay personas y emociones?
Quizá estamos entrando en un momento paradójico: mientras las máquinas amplían su capacidad para hacer, las personas necesitaremos ampliar nuestra capacidad para ser. Y aparece entonces una pregunta inevitable:
¿Cómo nos preparamos para este nuevo contexto?
Bajo mi punto de vista, toca desarrollar con intención capacidades que durante mucho tiempo consideramos complementarias y que quizá ahora se vuelvan esenciales: el pensamiento crítico, la curiosidad, la empatía, el autoconocimiento y la capacidad de construir relaciones auténticas.
Te propongo que dediques unos minutos a responder esta pregunta: ¿Qué aporto yo en una conversación, un proyecto o un equipo que va más allá de mis conocimientos técnicos o de mi experiencia?
No pienses solo en tareas. Piensa en aquello que otras personas podrían buscar en ti:
¿Tu capacidad para escuchar?
¿Para generar calma en momentos complejos?
¿Para conectar ideas?
¿Para hacer preguntas incómodas pero necesarias?
¿Para generar confianza?
Porque quizá aquello que más valor aporte en el futuro no sea solo lo que hagamos, sino lo que otras personas hagan posible en nosotrxs o, también, lo que nosotrxs hagamos posible en las otras personas.
En pocas palabras:
No necesitamos competir con las máquinas en ser máquinas. Necesitamos desarrollar aquello que nos hace profundamente humanxs.




