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La Ventana de Overton: cómo las ideas impensables pueden llegar a parecer razonables

  • 30 jul
  • 4 min de lectura

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Hay una teoría poco conocida fuera del ámbito de la ciencia política que resulta  extraordinariamente útil para comprender cómo cambian las sociedades.  


Se conoce como la Ventana de Overton y parte de una idea tan sencilla  como inquietante: las personas no solemos aceptar o rechazar una propuesta  únicamente por su contenido, sino también por el lugar que esa propuesta  ocupa dentro de lo que, en cada momento histórico, consideramos socialmente aceptable.  


La cuestión, por tanto, no es solo qué pensamos, sino qué estamos  dispuestos a considerar pensable.  


Las seis fases de una idea  

Según este modelo, una propuesta puede recorrer seis etapas. 


1. Impensable 

La idea provoca rechazo inmediato. Ni siquiera se considera legítimo debatirla. 


2. Radical 

Empieza a aparecer en conversaciones muy minoritarias. Se percibe como extrema o provocadora.  


3. Aceptable 

Deja de ser un tabú. Aunque la mayoría siga rechazándola, ya se discute públicamente.  


4. Sensata 

Comienzan a elaborarse argumentos que la presentan como una respuesta lógica a un determinado problema.  


5. Popular 

Cada vez más personas la defienden. Los medios de comunicación y algunos líderes empiezan a tratarla con normalidad.  


6. Institucionalizada 

La idea acaba convirtiéndose en una ley, una política pública o una práctica habitual. 


La Ventana de Overton no afirma que todas las ideas recorran necesariamente  este camino, ni que deban hacerlo. Lo que describe es el proceso mediante el  cual aquello que ayer parecía imposible puede acabar formando parte de la  normalidad.  


Un ejemplo contemporáneo  

En las últimas semanas ha ganado cierta visibilidad en Estados Unidos una propuesta conocida como "household voting" o "voto por unidad  familiar".  


La idea consiste, en términos generales, en sustituir el voto individual por un único voto emitido en representación de toda la familia, normalmente atribuido al denominado jefe del hogar.  


Hoy esta propuesta es defendida únicamente por algunos individuos y pequeños sectores del movimiento ultra conservador estadounidense. No  existe una iniciativa legislativa con respaldo suficiente para modificar el principio constitucional del voto individual y secreto, que sigue plenamente  vigente.


Precisamente por eso constituye un ejemplo interesante de la Ventana de Overton. Es una idea a priori descabellada pero, si se observa atentamente,  vemos que empieza a desplazarse de los márgenes del debate hacia espacios de mayor visibilidad.  


De momento estamos en la fase de provocación, yendo hacia tema de conversación. Si sigue avanzando “la ventana”, podríamos llegar a verla como  una propuesta que “merece ser discutida” y, si “la ventana” continúa  desplazándose, podría llegar a percibirse como una alternativa legítima.  


La importancia de mirar el proceso  

Con frecuencia creemos que los cambios sociales suceden de forma brusca.  


Sin embargo, casi siempre comienzan mucho antes, cuando cambia el marco  desde el que interpretamos una determinada realidad.  


Antes de modificar las leyes, cambian las conversaciones. Antes de transformar  las instituciones, cambian los relatos. Y antes de alterar los relatos, cambia  aquello que estamos dispuestos a considerar imaginable.  


Es un proceso lento que nos acaba atrapando sin darnos cuenta, hasta que un  día nos preguntamos ¿cómo hemos llegado hasta aquí? 


La metáfora de la rana en el agua caliente  

Cuando pienso en la Ventana de Overton me viene a la cabeza esta conocida metáfora.  


Se dice que, si introducimos una rana en agua hirviendo, intentará escapar inmediatamente. Sin embargo, si la colocamos en agua templada y elevamos  la temperatura muy lentamente, no percibirá el peligro y acabará muriendo cocida.  


La historia no es científicamente exacta, pero resulta extraordinariamente ilustrativa.  


Lo que señala es nuestra tendencia a detectar con facilidad los cambios bruscos y, en cambio, a acostumbrarnos a aquellos que se producen de forma progresiva.  


Cada pequeño aumento de temperatura parece tolerable. Cada paso aislado puede parecernos insignificante. 

 

El problema aparece cuando, al mirar atrás, descubrimos que el escenario se  ha transformado por completo y que hemos acabado aceptando algo que, presentado desde el principio en toda su magnitud, habríamos rechazado.  


Eso es precisamente lo que puede suceder cuando se desplaza la Ventana de Overton.  


Una idea no suele pasar directamente de ser impensable a convertirse en una política pública. Avanza mediante pequeños cambios en el lenguaje, en los marcos de interpretación y en aquello que se considera legítimo debatir.  


Aplicando la metáfora a la propuesta del voto por unidad familiar  

Aplicado al ejemplo del voto por unidad familiar, el proceso no empezaría necesariamente con una propuesta legislativa formal para eliminar el voto individual.  


Podría comenzar con preguntas aparentemente reflexivas:  


¿Representa el voto individual adecuadamente los intereses de las familias?  ¿Debería tener más peso político una familia con hijos? 


¿Es la familia, y no la persona, la verdadera unidad básica de la sociedad?  Después podrían aparecer expresiones más amables, como «representación familiar» o «protección de la familia».  


Más adelante, la propuesta podría presentarse no como una restricción de derechos, sino como una forma de reforzar la cohesión familiar.  


La temperatura habría aumentado, pero cada incremento habría sido lo bastante pequeño como para no provocar una reacción inmediata.  


El sufragio femenino y la Ventana de Overton  

El sufragio femenino fue, en su momento, un ejemplo perfecto de Ventana de  Overton:  


• Primero fue una idea impensable.  

• Después se consideró radical.  

• Más tarde comenzó a debatirse.  

• Acabó pareciendo razonable.  

• Se convirtió en una demanda popular.  

• Finalmente quedó institucionalizada como un derecho fundamental.  


Atentxs al agua caliente  

Me resulta del todo llamativo que hoy puedan aparecer propuestas que cuestionen el principio de un ciudadanx, un voto. Independientemente de que esas propuestas tengan o no recorrido, nos recuerdan que los derechos que hoy damos por consolidados también fueron, en otro tiempo, objeto de debate.  


Comprender cómo se desplazan las ideas debería mantenernos alerta ante aquello a lo que, casi sin darnos cuenta, podríamos ir acostumbrándonos.

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