Cónclave: un ensayo visual sobre el poder, la ética y los límites infranqueables que la tradición impone.
- Mercè Brey
- 15 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Interesante película dirigida por Edward Berger, que me ha parecido más un ensayo visual que un mero thriller ambientado en el Vaticano.
Si no la has visto todavía, te recomiendo que la veas y ¡no sigas leyendo! Que viene algún que otro spoiler.
A mi modo de ver, este film está plagado de perlas que, como siempre, cada quien va a interpretar según nuestro propio prisma. Te comparto algún que otro momento que a mí me ha cautivado y también esa interpretación que yo le he dado.
“Me emocionó ver una película de estas características cuyo mensaje final sea la integración de lo masculino y lo femenino para la cocreación de un mundo más tolerante, humanizado, pacífico”.
Confrontación en el refectorio. Durante una comida se produce una tensa situación. Vemos a la hermana Shanumi y al cardenal Adeyemi en una confrontación que, a priori, no entendemos. Luego se desvela que ambos protagonizaron una relación prohibida treinta años antes y que ella tuvo un hijo que dio en adopción. Es la encarnación del pasado que irrumpe en el presente de forma brutal, el peso insostenible de lo nunca dicho. En Shanumi se revela la ética de la verdad y en la institución, el miedo a que el imperio del secreto se tambalee. Y me pregunto: ¿Quién, en lo más hondo de su ser, no guarda algún secreto? ¿Qué potencial entraña la revelación de lo oculto?
Atentado en la Capilla Sixtina. Al iniciar el sexto escrutinio, la santa sede es víctima de un atentado perpetrado, presuntamente, por islamistas. Es interesante la escena que nos muestran a continuación. El cónclave reunido y dividido en dos bandos. Uno capitaneado por el cardenal Tedesco quien pretende capitalizar la situación a través de un discurso basado en la mano dura y la represalia, con un fondo de odio que acongoja. Por otro lado, emerge Benítez, un cardenal que participa por primera vez en este tipo de foros cuyo mensaje es la empatía, la compasión y un claro llamado a la paz. Y me surge la pregunta: ¿cómo blindarse a reacciones primarias cuando nos sacan de nuestra zona de confort e instigan nuestros miedos más básicos? ¿Cómo anclarse en ese flotador que todo lo puede, el amor en su esencia más pura?
La metáfora del nuevo Papa. Tras su elección como papa Inocencio XIV, Benítez confiesa a Lawrence (cardenal encargado de organizar el cónclave) que es intersexual. Nació con órganos masculinos y femeninos, algo que descubrió en una operación reciente de apendicitis. Y como el mismo explica, no quiso someterse a la extirpación de sus órganos femeninos como hubiera sido el deseo de lo establecido, sino, por el contrario, aceptarse y honrarse “como Dios lo hizo”.
Esta escena me parece brutal. La solución que se plantea no es “extirpar” lo femenino, sino integrarlo. En un mismo cuerpo, un único templo, conviven lo masculino y lo femenino complementándose. Ese femenino que le habita es el que le permite a Benítez elaborar su discurso integrador, y ese masculino que también le habita, el que le otorga la determinación de apostar por la responsabilidad de ser el nuevo Pontífice.
Como te decía al inicio de este artículo, y como acontece en todos los que escribo, está sesgado por mi propio prisma. Confesarte que me emocionó ver una película de estas características cuyo mensaje final sea la integración de lo masculino y lo femenino para la cocreación de un mundo más tolerante, humanizado, pacífico.
Que la realidad supere la ficción.




