The Drama: La insoportable complejidad humana.
Actualizado: 4 sept
¡Este post contiene spoilers!
Si tuviera que ponerle un subtítulo a esta película escogería “la insoportable complejidad humana”. La he visto este verano en un viaje largo en avión y me gustó. Pero tengo que decirte que cuanto más reflexiono sobre ella y más la comento con personas cercanas, más me va gustando.
Tiene un buen número de escenas que no tienen desperdicio, pero hay tres que me parecen especialmente interesantes y que me dejaron pensando en cómo cambia nuestra mirada sobre una persona cuando descubrimos algo de ella que no encaja con el relato que nos habíamos construido. Y cómo cuesta desapegarnos de ese relato…del que nos habíamos prendado.
Voy con las escenas:
1. La confesión: ¿cuánto conocemos realmente de las personas que nos rodean?
Durante una cena previa a la boda, cuatro amigos comparten lo peor que han hecho en su vida. Las tres narrativas que preceden a la confesión de Emma son tremendas y, de alguna forma, el substrato de esa confesión lo podemos seguir viendo en el comportamiento del personaje a lo largo de la película.
Le llega el turno a Emma y su relato cambia completamente la atmósfera. Es interesante lo que cuenta pero más todavía lo qué sucede en los demás cuando la escuchan. Tres minutos de compartir y todo cambia, ya nadie la mira igual. Y esto plantea una cuestión fascinante: ¿cuánto de la imagen que nos hacemos de alguien pertenece realmente a esa persona y cuánto pertenece al relato que hemos construido sobre ella?
Nos tranquiliza pensar que conocemos a quienes nos rodean, a quienes queremos. Pero ¿Qué pasa cuando “conocer” a alguien no incluye conocer toda su historia? ¿Qué pasa cuando ese “conocer” es más bien haber construido una interpretación más o menos coherente para nosotrxs de quién creemos que es?
Cuando aparece una información que no cabe dentro de esa interpretación, no solamente entra en crisis nuestra percepción de la otra persona. También entra en crisis nuestro propio relato. Y eso es difícil de encajar.
2. La madrina: ¿desde dónde juzgamos a los demás?
Durante la boda hay otro momento que me parece magistral por su incomodidad. Me refiero al discurso de Rachel, la madrina.
Rachel conoce ya el secreto de Emma y su discurso - que debería celebrar a los novios - se convierte en una forma más o menos velada de expresar su desaprobación a la conducta de la novia.
Y aquí me quedé dándole vueltas a un pensamiento:
¿Desde dónde juzgamos a lxs demás?
Nos gusta creer que nuestros juicios son racionales. Que observamos los hechos, los evaluamos objetivamente y decidimos qué está bien y qué está mal. Pero nadie juzga desde un lugar neutro. Juzgamos desde nuestra historia.
Desde nuestros valores. Desde nuestros miedos. Desde aquello que cada quien considera imperdonable.
Y también desde nuestras propias contradicciones: ¿Qué hay de la confesión de Rachel? En el fondo ¿es tan distinta a la de Emma?
Eso no significa que todos los comportamientos sean justificables ni que debamos renunciar a nuestros límites morales. Lo que quiero poner encima de la mesa es el hecho de reconocer algo de lo más incómodo: que la forma en la que juzgamos a la otra persona también habla de nosotrxs.
Creo que esta escena en concreto nos plantea una triple mirada. Una cosa es lo que alguien hizo. Otra, lo que ese hecho despierta en nosotrxs. Y otra muy diferente, asumir quién es esa persona a partir de aquello que hizo. Tres dimensiones que tendemos a confundir. Una puerta cerrada a ser capaz de ahondar en la complejidad de una persona sin reducirla a uno solo de sus actos.
3. La escena final: ¿podemos volver a mirar a la otra persona sabiendo lo que sabemos ahora de ella?
Después del desastre de la boda, Charlie y Emma vuelven a encontrarse en el restaurante al que habían hablado de ir después de la celebración.
Ambos están heridos. Física y emocionalmente. Ya no son la pareja que eran hace tan solo unos días. Han descubierto partes del otro que no se pueden obviar. De alguna forma, se ha roto la inocencia en la relación.
Y entonces Emma recupera el juego con el que comenzó su historia: se presentan otra vez como si acabaran de conocerse.
Para mí, esta es la escena más hermosa de la película. Abre una nueva oportunidad, integrando todo lo que hay detrás de lxs protagonistas. Sus sombras, sus contradicciones, sus errores…toca decidir qué hacer con esa nueva verdad. Empezar de nuevo sin borrar lo sucedido.
Me quedo con una pregunta dificilísima:
Si conociera el peor episodio de la vida de las personas que me rodean, ¿sería capaz de mirarlas de la misma manera?
Y con otra que me ayuda con la anterior: si las otras personas conocieran mi peor episodio, ¿querría que me definieran únicamente por él?
Una buena película para ayudarnos a madurar nuestra mirada sobre las otras personas, para reflexionar sobre esta frase que me encanta: nadie cabe enterx en el peor capítulo de su historia.
¿La has visto? ¿Qué reflexiones te suscitó? ¡Te leo!




